Macron, el hombre

Saltamos.net, 10 de mayo del 2017

La elección de Emmanuel Macron es otro síntoma más de la crisis del sistema de Estados democrático-capitalista, similar a acontecimientos como Trump, el Brexit o el declive de la Eurozona. En Francia, al igual que en cualquier otro lugar, el sistema de partidos de posguerra, dominado por el centro izquierda y el centro derecha, se ha roto en añicos. Esto ha hecho posible el auge de un artista del buen rollo, un hombre de confianza de los altos mandatarios de la sociedad francesa –que simboliza juventud, optimismo y la promesa de un futuro brillante y hermoso–, un hombre procedente de la banca de inversión, que viene directamente catapultado desde los departamentos de relaciones públicas del sector financiero. (Continue)

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Producir ciencia social crítica en el interregno

Entrevista, Revista de Actualidad Política, Social y Cultural, 17 de abril del 2017

Profesor Streeck, muchas gracias por la posibilidad de conversar con usted. Me interesa formularle algunas preguntas sobre los procesos que la sociedad global está viviendo hoy en día.

Muy bien. Intentaré dar mis mejores respuestas. Sin embargo, debo comenzar con una nota de precaución: vivimos en un tiempo en que las cosas se han vuelto tremendamente impredecibles, por razones que podemos ir discutiendo; y si bien sabemos por qué esto está ocurriendo, de todas maneras el resultado es que podemos esperar nuevas sorpresas, y por definición uno no conoce de antemano las sorpresas. (Continue)

Sociólogo alemán explica cómo la concentración de la riqueza minó la democracia y el Estado de Bienestar

Interview, CIPER Chile, August 23, 2016

El Estado de Bienestar retrocede en el mundo, dice Streeck. Y cree que ya no están las condiciones para reconstruirlo, como parecen pedir los miles que marcharon contra las AFP. El retroceso, dice, se debe a que durante los últimos 40 años los más ricos horadaron las finanzas públicas reduciendo sus impuestos. Las democracias desfinanciadas se volvieron deudoras y renunciaron a defender el bienestar por temor a que los capitales huyeran. Incluso perdieron sentido, pues “si un Estado no tiene otra opción que seguir las instrucciones de los inversionistas, no hace diferencia quién es elegido ni cómo”. (…) Continue

After the British Referendum

London Review of Books, Vol. 38, No. 14, July 14, 2016. Contribution to a collection of responses to the referendum, pp. 8-15. Spanish translation here.

The decomposition of the modern state has reached a new stage, in the very country where the modern state was invented. It was the UK under Thatcher that blocked the development of the EU into a supranational welfare state on the postwar British model associated with Keynes, Beveridge and T.H. Marshall. Since then the neoliberal revolution, led by the US and the UK, has for ever closed this window. Instead of protecting Europeans from the maelstrom of the world market, the EU has turned into a powerful engine of liberalisation in the service of a deep economistic restructuring of social life. Under the aegis of the EU, the UK has reverted to being two nations, a nation of winners using the globalised world as their extended playing field, and a nation of losers driven from their commons by another firestorm of primitive accumulation. Seeking refuge in democratic protection, popular rule, local autonomy, collective goods and egalitarian traditions, the losers under neoliberal internationalism, unexpectedly returning to political participation, place their hopes on their nation-state. But the existing architecture of statehood is no longer designed to accommodate them, certainly not in the land of Thatcher, Blair and Cameron. Here, those lucky enough to command subnational political and institutional resources, in Scotland in particular, hope to use the EU’s supranational state regime to break up the national state regime of the UK, nota bene to regain and extend local control, and clearly not to cede it to an authority even more remote than London. Weiterlesen

„El capitalismo puede colapsar“

Interview, El País, May 22, 2016

Los sindicatos han sido una parte esencial de su área de estudio. ¿Estaban ahí los elementos para anticipar su actual pérdida de influencia?

Las predicciones son muy difíciles de hacer. A finales de los sesenta hubo una ola de agitación obrera, incluso en el bloque soviético. A partir de ese momento, los sindicatos tuvieron una fuerza creciente: la única manera de calmar ese malestar sin que subiera el desempleo era admitir tasas más altas de inflación, una especie de fuerza pacificadora. Pero esa medicina tenía contraprestaciones muy serias. La decisión de acabar con esto la tomó en 1979 Paul Volcker como presidente de la Reserva Federal con Carter. (…) Continue